¿Qué es un security token y qué puedes hacer con él?

¿Qué es un security token?
Un security token es un activo digital (también denominado criptoactivo) que representa jurídicamente un derecho financiero exigible. Puede representar, por ejemplo, derechos de propiedad, pero también otros derechos como un crédito o un derecho a distribuciones de beneficios. Por ello, los activos que se etiquetan como security tokens suelen quedar sujetos a la legislación sobre valores. La función de los security tokens se asemeja en gran medida a la de los activos tradicionales, como acciones y bonos, es decir, la posibilidad de generar revalorización y de permitir distribuciones de beneficios o dividendos, o por ejemplo derechos de voto. Todo ello queda recogido en documentación jurídica (como condiciones o un contrato), lo que hace posible una reclamación legal.
La principal diferencia con otros tokens, como los utility tokens, es el objetivo. Los utility tokens están pensados principalmente para su uso dentro de una red o servicio, por ejemplo para pagar costes de transacción (como Ether y Solana) o para acceder a determinadas funcionalidades. Un security token no necesita tener ese tipo de función. La clasificación depende sobre todo de los derechos que representa el token.
Los security tokens son, en esencia, derechos digitalmente tokenizados y se presentan como tokens en una blockchain u otra forma de tecnología de registro distribuido (DLT). El valor económico de un security token suele estar relacionado con los derechos subyacentes (como flujos de caja, distribuciones de beneficios u otros ingresos) y con las expectativas sobre ellos, y, al igual que ocurre con los valores tradicionales, también se ve influido por la oferta y la demanda del mercado. A diferencia de muchos utility tokens, en los que el valor suele depender más del uso y la adopción de la red, la oferta y la demanda también desempeñan allí un papel importante.
Puntos clave
- Un security token es un token digital que representa jurídicamente un derecho financiero, como propiedad, un crédito, derechos de beneficios o dividendos, intereses o derechos de voto, y por ello se asemeja funcionalmente a valores tradicionales como acciones y bonos.
- Los derechos que hay detrás de un security token están establecidos en documentación jurídica (como condiciones o un contrato); la blockchain es principalmente el soporte en el que esos derechos se emiten y gestionan como tokens.
- El valor de los security tokens suele estar relacionado con los derechos subyacentes y los flujos de caja esperados (como distribuciones de beneficios o intereses) y con la oferta y la demanda del mercado, al igual que ocurre con los valores tradicionales.
- La emisión y la negociación suelen implicar un cumplimiento normativo adicional: KYC y AML, reglas sobre quién puede mantener o recibir el token, y en ocasiones restricciones como whitelists, periodos de lock-up y limitaciones por país o tipo de inversor.
- En la UE, los security tokens pueden quedar sujetos a MiFID II si califican como instrumento financiero; en ese caso suelen quedar fuera de MiCAR, mientras que los utility tokens suelen calificarse como criptoactivos bajo MiCAR porque están pensados principalmente para el uso o el acceso dentro de una red o servicio.
¿Cómo funciona un security token?
Un security token funciona esencialmente como un derecho financiero digital, establecido en documentación jurídica (como condiciones contractuales). El emisor define primero jurídicamente qué derecho recibe el titular del token (por ejemplo, derecho a distribuciones de beneficios, intereses, derechos de voto o un crédito). Ese derecho se emite posteriormente en una blockchain u otra forma de tecnología de registro distribuido (DLT). A menudo se implementan controles de cumplimiento, como KYC y AML, así como reglas sobre quién puede mantener o transferir el token. Estos controles pueden aplicarse de distintas maneras, por ejemplo a través de los sistemas de una plataforma, pero también directamente on-chain mediante un smart contract.
A continuación, los tokens se emiten a los inversores mediante una colocación privada o a través de una STO (Security Token Offering). Una STO es, en esencia, una oferta pública de valores, pero en forma de token. En su ejecución puede parecerse a una ICO, pero queda sujeta a la normativa sobre valores porque se trata de un security. La negociación de security tokens puede realizarse posteriormente a través de plataformas de negociación que cumplan con la legislación y la normativa sobre valores. Esto puede variar según el país, por ejemplo en cuanto al rigor de las normas y a la forma en que se aplican.
Durante la vigencia del contrato se ejecutan los derechos vinculados al token, como el pago de dividendos o intereses y las votaciones. Esto puede estar parcialmente respaldado o automatizado técnicamente (por ejemplo mediante smart contracts), pero a menudo también se gestiona en parte off-chain a través de los procesos del emisor.
¿Por qué existen los security tokens?
Los security tokens suelen mencionarse como una solución a tres problemas del mercado tradicional de valores: la liquidación de transacciones (settlement) suele ser lenta y costosa, la participación suele requerir mucho capital y el cumplimiento de las normas pasa por muchos intermediarios.
- Más eficientes y potencialmente más baratos: La liquidación de transacciones y la transferencia de la propiedad pueden digitalizarse en parte y registrarse automáticamente mediante sistemas DLT como una blockchain, por ejemplo utilizando smart contracts. Esto suele requerir menos trabajo manual de back-office que en los valores tradicionales, donde intervienen múltiples partes en el registro y la liquidación. Esto puede ahorrar tiempo y costes.
- Más accesibles mediante la propiedad fraccionada: Gracias a la tokenización, puede ser más fácil participar con importes más pequeños, por ejemplo porque se puede comprar una pequeña parte de un activo. En algunas estructuras no es necesario adquirir todo el instrumento subyacente, sino que se puede obtener una fracción mediante tokens. Al mismo tiempo, la protección del inversor sigue siendo un requisito esencial: información clara, distribución adecuada y atención a los riesgos.
- Reglas y transferencia: Mientras que en los mercados tradicionales el cumplimiento normativo suele pasar por múltiples partes y sistemas, con los security tokens determinadas reglas pueden integrarse directamente en el proceso de tenencia y transferencia (por ejemplo mediante whitelists o restricciones por país). Esto es especialmente relevante porque en Europa se examina de cerca cuándo un criptoactivo califica como instrumento financiero (MiFID II) y, por tanto, queda fuera de MiCA.
¿Cuáles son las características de los security tokens?
Los security tokens presentan características recurrentes que permiten identificar que se trata de un security token y no de otro tipo de criptoactivo. Estas son las principales características:
1. La naturaleza jurídica de un security token
Un security token suele encuadrarse jurídicamente dentro del derecho de valores. En Europa, esto significa que pueden quedar sujetos a MiFID II, ya que pueden otorgar derechos comparables a los de los valores tradicionales, como derechos económicos de propiedad, derecho a beneficios o dividendos, intereses u otras distribuciones, o derechos que se asemejan en gran medida a acciones o bonos. En ese caso, normalmente no quedan sujetos a la normativa europea MiCAR, ya que MiCAR se aplica en principio a criptoactivos que no son instrumentos financieros conforme a MiFID II. Esto implica que las plataformas de negociación que no dispongan de la licencia MiFID II adecuada no pueden ofrecer security tokens.
2. Derechos económicos y vinculación a flujos de caja
Los security tokens suelen estar vinculados a derechos económicos que se asemejan a los de los valores tradicionales. Su tenencia puede otorgarte jurídicamente derecho, por ejemplo, a dividendos, pagos de intereses, participación en beneficios o derechos de voto. Por tanto, a menudo existe una recompensa financiera asociada a la tenencia de security tokens, mientras que el token no necesariamente cumple una función dentro de la red en la que opera, como suele ocurrir con los utility tokens.
3. Protección del inversor y obligación de información
Los security tokens suelen considerarse instrumentos de inversión, y a estos instrumentos se les aplican normas adicionales para proteger a los inversores. Así, el proveedor debe ofrecer información clara sobre qué se compra exactamente, qué riesgos existen y cómo funciona el producto. En muchos países puede aplicarse por ello una obligación de folleto, una especie de documento informativo que recoge los riesgos y las condiciones. La idea es sencilla: los inversores deben recibir información suficiente, comprensible y coherente para poder tomar una decisión bien fundamentada.
4. Restricciones a la transferibilidad y a la identidad
Muchos tipos de tokens son permissionless, es decir, tokens que pueden enviarse sin condiciones a otras direcciones de wallet. En el caso de los security tokens esto es diferente, ya que estos tokens suelen tener restricciones establecidas contractualmente. Debido a su naturaleza jurídica, estas restricciones deben cumplir con la normativa sobre valores, como la protección del inversor, KYC y AML, así como restricciones de venta por país. Como resultado, un security token suele ser menos libremente negociable que un utility token estándar. Las condiciones más habituales son:
- Whitelisting: determinadas direcciones de wallet, o direcciones verificadas mediante KYC, pueden recibir o mantener los tokens. Una transferencia a una dirección no aprobada puede bloquearse técnicamente.
- Periodos de lock-up: puede existir un periodo de lock-up tras la compra o recepción del token durante el cual no se puede vender ni transferir. Este periodo suele comenzar inmediatamente después de la emisión y puede aplicarse a determinados grupos de inversores. Muchas de estas condiciones son obligatorias por ley y se indicarán en las condiciones de emisión, por ejemplo a través de una obligación de folleto.
- Restricciones por país o tipo de inversor: las normas aplicables a los security tokens varían según el país. Esto puede significar que un security token pueda mantenerse y negociarse en un país y no en otro. Además, puede ocurrir que un security token solo pueda ser mantenido por una categoría específica de inversores, como aquellos clasificados como inversores profesionales.
- Funciones similares a las de un agente de transferencias: en algunos casos existe una parte o un mecanismo que supervisa el registro oficial de la propiedad y las transferencias, de forma comparable a un transfer agent en los valores tradicionales. Esto puede implicar que las transferencias deban aprobarse, que se mantenga un registro o que existan procedimientos para, por ejemplo, la recuperación en caso de pérdida, corporate actions o cambios en los derechos.
¿Cuál es la diferencia entre un security token y un utility token?
La gran diferencia entre los security tokens y los utility tokens es, en términos simples, que el token se ha desarrollado con un objetivo distinto: un security token suele considerarse una inversión, mientras que un utility token está destinado a cumplir una función útil dentro de un ecosistema blockchain, como el acceso a un producto o servicio. Por tanto, no se trata de por qué tú, como usuario, compras un token, sino de qué derechos y qué función ofrece el token. Esto hace que ambas clases de activos digitales se traten de forma diferente desde el punto de vista normativo.
Security token
Un security token suele tener el carácter de una inversión:
- El comprador espera un rendimiento, como dividendos, intereses, participación en beneficios o revalorización.
- Ese rendimiento suele depender del desempeño o de los esfuerzos de una parte emisora o de un tercero, como la dirección, y no únicamente del uso de la red en sí.
- Esto puede establecerse jurídicamente en las condiciones, por ejemplo en contratos y o a través de la estructura del token.
Utility token
Un utility token está diseñado principalmente para proporcionar acceso a un producto o servicio y o para desempeñar una función dentro de una red descentralizada, como el pago de costes de transacción, la governance o el staking.
La delimitación en la UE (MiCAR vs MiFID II)
Desde el punto de vista jurídico, los security tokens y los utility tokens también se tratan de forma diferente. Los utility tokens suelen clasificarse como criptoactivos y quedan sujetos a MiCAR. Los security tokens pueden, si califican como instrumentos financieros, quedar sujetos a MiFID II y tratarse dentro del derecho de valores y de inversión. Las normas aplicables dependen en última instancia de las características y los derechos concretos del token.
Reflexión final
Los security tokens son, en esencia, un envoltorio digital de derechos que ya conocemos del mundo financiero tradicional: propiedad, un crédito, intereses, dividendos, participación en beneficios o derechos de voto. El elemento cripto reside principalmente en la forma en que estos derechos se emiten y gestionan, a través de tokens en una blockchain u otra DLT, no necesariamente en el objetivo o el funcionamiento del producto en sí. Precisamente porque se trata de derechos de tipo inversor, los security tokens suelen situarse más cerca del derecho de valores que de las normas aplicables a los criptoactivos comunes. Esto se refleja en requisitos más estrictos en materia de información, protección del inversor y en restricciones sobre quién puede comprar, mantener o negociar los tokens.
De este modo, los security tokens forman un puente interesante entre los mercados tradicionales y la tokenización: pueden hacer que los procesos sean más eficientes y que la participación sea más accesible, pero solo dentro de marcos jurídicos claros. A diferencia de los utility tokens, el valor de los security tokens suele girar en torno a los derechos económicos y los flujos de caja subyacentes, y no a la función del token dentro de una red. En última instancia, la clasificación no es una cuestión de lo que la gente quiera hacer con él, sino de los derechos y las condiciones concretas que están vinculados al token.